Efesios capítulo 4:29, dice. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Fútbol

Hoy no tengo ganas de hablar de fútbol

No es necesario decir que nosotros nacimos con talento!

Cat Clock - Relogio Gato

domingo, 9 de mayo de 2010

Ahí estaba. Como siempre desde el mismo día en que cumplí los 16 años, ahí estaba una vez más.
Se dibujó una sonrisa en mis labios y me giré para mirarlo. Tenía sus ojos marrones clavados en los mios. El uniforme le quedaba tan bien como siempre y esa expresión que tenía en la cara de niño grande hizo que se me parase el corazón una vez más.
Dejé la mochila al lado de la ventana y me acerqué a él para peinarle un poco sus cabellos rubios, alborotados por la carrera.
-Pensé que ya no vendrías- le susurré al oido- Me tenias preocupada.
-Es... Estás... de... detenida-dijo casi sin aliento.
-Que sí... que sí- le dí la razón para que se callase y recuperase aliento- ¿Cómo estás?Hace un par de semanas que no nos vemos, desde el Picasso- recordé- Te he echado mucho de menos.
Soltó un hondo suspiro y se relajó un poco, cuando el dí un beso en el cuello.
-¿Por qué me haces esto?- me preguntó- ¿Y por qué nunca consigo detenerte? El comisario me acabará mandando a dirigir el tráfico como siga así.
-Shsss-comencé a darle un pequeño masaje en los hombros. Me gustaba que por unos instantes olvidase lo que eramos cada uno y que fuesemos solo nosotros, porque, por si no os habéis dado cuenta, Train, es policia.- Ya te lo dije, solo tienes que decir dos palabras y no son precisamente: "Estás detenida"- respondí imitando su tono serio y poniendo su cara de niño frustrado.
-Pero no consigo averiguar qué puede ser. se quejó frunciendo el ceño-¡Podría ser cualquier cosa!
Le dí un pescozón en la cabeza irritada. No podía creer que fuese tan obtuso y no se diese cuenta de mis sentimientos. Parecía mentira que hubiese llegado tan lejos dentro de la policia siendo tan sumamente poco observador.
-¡Au!- exclamó- ¿Por qué has hecho eso?
-No me extraña que te vayan a poner en tráfico, te está bien merecido- le recriminé
-Pero... pero qué...-intentó decir
-Te doy de plazo hasta el miércoles que viene- le corté- Daré mi próximo golpe en el Louvre. Si dejas de ser un cabeza hueca y adivinas las palabras, dejaré de robar. Si no, te prometo que haré que te pases la vida haciendo pasaportes o haré que te echen del cuerpo por inútil. ¡Me voy!- anuncié, cogiendo la mochila del suelo y sacando una pierna por la ventana.
-¡Ey, espera! ¡Tú estás detenida!- dijo mirándome estupefacto.
-Que sí, que sí... ¡Piénsalo bien!- le grité antes de terminar de descolgarme por la ventana.
Cuando llegué al suelo, eché una última mirada a la ventana, donde Train me estaba observando y, después, me dirigí al punto de encuentro, pensando que tal vez alguna vez, fuese él el que me sostuviese entre sus brazos y me apoyase, defendiéndome de mi pasado. Porque hasta que no apareció en mi vida, el día de mi dieciséis cumpleaños, en aquel museo solitario, no encontré una razón para quere dejarlo...