Cuando conseguí tranquilizarme un poco y dejar de llorar, me dijo:
-Ellas no significaron nada- tomó mi cara entre sus manos y me obligó a mirarlo directamente a los ojos y, en un tono muy serio, continuó:- Yo he hecho cosas horribles y he roto algunos corazones. No estoy orgulloso de ello, pero lo reconozco. Yo... yo pensaba que lo que hacia era a todo lo que podía aspirar, es lo que nos enseñan aquí- ironizó señalando con una mano hacia el balcón, donde se extendía aquel barrio-Pensaba que lo único que podía hacer era ir de una chica a otra hasta que alguien me clavase una navaja en cualquier pelea. No... no tenia aspiraciones-me confesó- Y cuando estaba a punto de tirar la toalla, dispuesto a que esa pelea sucediera lo más pronto posible, apareces tú. Una niña rica que jamás ha tenido que huir de la poli, que no eructa ni ser tira pedos en público, que pide las cosas por favor y siempre lleva una sonrisa dibujada en la cara. Me hiciste sentir cosas, que nunca imaginé que existieran para gente como yo. De repente, tu sonrisa se convirtió en un bueno motivo para dejar todo esto y ser alguién mejor. Eres... eres diferente a todo lo que he conocido, ¿lo entiendes? Me... me has hecho tener objetivos e ilusiones... me has dado una vida que aquí nadie tiene y que nadie imagina poder tener, para ellos ahora soy un mierdas y con cada minuto que estoy contigo, pierdo la reputación que tantas veces me ha salvado el pellejo en estos callejones, y no me importa. Por eso, tengo miedo de que no queiras hacerlo porque solo soy un pasatiempo. Antes no... no comprendía porqué me rehuias de esa manera pero ahora.... veo que solo ha sido un... un error de mi parte, por no decirte esto antes. Yo... yo te quiero- susurró.
El silencio se instaló entre nosotros. Me sonreí a mí misa. De pronto, todos los miedos se habían esfumado, simplemente con pronunciar esas dos maravillosas palabras. Era la primera vez que se las oía decir. Mi corazón se inchó de orgullo y satisfacción, expulsando cualquier resquicio de duda que albergara. Lo miré. Tenía la cara entre las manos, los hombros caidos... parecía totalmente abatido, con el alma al desnudo, solo para mí. Me puse tras él, dándole un masaje en los hombros, unos besos efímeros en el cuello...
Con cuidado de que no se diese cuenta, me quité la camisa y, acariciándole el pecho con mis manos temblorosas, me puse delante de él.
-Will... Will, miráme- le supliqué. No soportaba verlo de aquella manera.
Todavía sin levantar la vista y con la voz entrecortada, dijo:
-¿Estás... estás segura?Tú... tú sabes todo y... - le puse un dedo sobre los labios.
-Estoy segura.-afirmé- Esta va a ser una... una primera vez para los dos. Va a ser mi primera vez y tu primera vez... por amor.
