Cada uno tiraba de mi a un lado, mirándome los dos con la misma mirada esperanzada, esperando que me decidiese por uno. A mi izquierda tenía mi pasado, reclamando que volviese a las noches frías de invierno, a las horas esperando a que Jonh me llamase, pidiéndome a gritos que intentase reparar lo irreparable. A mi derecha tenía mi futuro, incierto y misterioso, pero lleno de posibles sueño inolvidades y experiencias que vivir junto a Train, pero demasiado nuevo para lo que estaba acostumbrada a saltar. Esa era la pregunta... ¿salto o no?Por primera vez desde hace mucho tiempo, la elección dependía solo de mí.
Levanté la mirada y me encontré con los ojos oscuros de Train esperando mi respuesta y, entonces lo vi todo claro. El pasado, podría haber sido maravillosos, pero al fin de al cabo, era el pasado y ya era hora de que lo dejase atrás y me enfrentase a nuevos retos, nuevas experiencias...
-Lo siento, Jonh. Yo ya te he dejado atrás- dije en susurros- Te quise como a nadie, pero ya, has perdido ese privilegio o desgracia.
Solté su mano, como si nuestro contacto solo hubiese sido una caricia y me aferré a la de Train, que rápidamente, tiró de mi y me llevó hasta una pequeña plaza. La lluvia seguía callendo incansable sobre nosotros y un silencio incómodo nos acompañaba. Ninguno de los dos nos atrevíamos a mirarnos, por miedo a descubrir que las esperanzas puestas en el otro fueran solo palabras arrastradas por el viento.
Como si fuese un acto reflejo, nos volvimos los dos a mirarnos al mismo tiempo, pero rápidamente apartamos la mirada.
-Tú.... lo que has dicho... ¿es cierto?- dijo en voz baja, apenas un murmullo- Veras, ya sé que te sonará raro y que no me conoces pero yo... tú a mi... yo te quiero- soltó al fin.
Puede sentir como mi corazón saltaba de felicidad y pedía a gritos el contacto con el de Train. Todo esto, podría parecer una locura, apenas nos conociamos o nos habíamos visto y sin embargo, ¿acaso el amor en sí no era ya una locura?
-Ya sé que esto era una tontería, tú apenas me...-empezó a decir a la velocidad de la luz, aumentando sus nervios al ver que no reaccionaba.
-Yo también- le corté. Sentí como él contenía su respiración del mismo modo que yo.
-¿En serio?- preguntó asombrado.
Solo asentí con la cabeza, las palabras ya no me salían de la boca y, al igual que en un cuento de hadas, tomó mi cara entre sus manos y me besó, con sumo cuidado, como intentando que este sueño, nuestro sueño, no se desvaneciese.
-Te quiero- susurró.
-Por siempre- añadí y, como confirmándolo y sentenciándolo, haciéndolo un hecho, sentenció:
-Por siempre....