El silencio encierra un suspiro,
mensajero secreto del alma,
dueña infame de un sentimiento
renovado cada mañana
por tu boca transformada
en explorador experto
que recorre incansable
todos los senderos de mi cuerpo,
bañando los capullos florecientes,
cubriéndolos de ardientes besos,
alcanzando triunfante
lo más profundo de mi ser,
abriendo, cual preciado tesoro,
el centro de todos mis secretos,
abandonándome a la esclavitud de tu cuerpo,
prisionera de tus propios lagos,
en los que me sumerjo inconsciente
sin miedo a perderme
segura de estar a salvo
mientras nos estemos amando...