Efesios capítulo 4:29, dice. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Fútbol

Hoy no tengo ganas de hablar de fútbol

No es necesario decir que nosotros nacimos con talento!

Cat Clock - Relogio Gato

domingo, 9 de mayo de 2010



La fiesta se alargó hasta la madrugada, aunque no había conseguido coincidir con Train ni un solo instante, ya que tenia a un ejercito de chicas baboseando a su alrededor y todo el mundo se había puesto de acuerdo para cortarle el paso cada vez que intentaba rescatarme de Jonh.

Nimué y su chico misterioso, se hicieron inseparables y, también misteriosamente, se perdieron durante un rato. Cuando la volvía a ver, llevaba los labios inchados y enrojecidos y el pelo alborotado. Al preguntarle por ello, con una sonrisilla traviesa en mis labios, simplemente se encogió de hombros y respondió:

-¿De verdad necesitas que te lo explique?

Las dos estallamos en carcajadas. Por fin, tras mucho tiempo, ella había conseguido lo que quería. Al ver que su chico se acercaba de nuevo, simulé un bostezo y dije:

-Yo me voy a casa.

-¿¡Tan pronto!?-exclamó.

-Estoy cansada. Ha sido un día muy largo- le expliqué.

El chico llegó, la cogió por la cintura y le susurró algo al oído, parándose para darle un beso en el cuello. Me miró con cara de culpabilidad, esperando a que le diese permiso para que me dejase sola. Solté un sonoro suspiro. No podía estropearle aquel momento, diciéndole que me acompañase. Llevaba un año intentando que aquel chico se fijase en ella.

- No hace falta que me acompañes- le dije dándome la vuelta- Que os divirtáis. ¡No hagáis nada que yo no haría!

-Entonces puede pasar de todo- bromeó.

-¿Quieres que le diga a Train que te acompañé?-propuso el novio de Nimué- Creo que él también se va a ir.

-No... no... no hace falta- me apresuré a decir. Nada más escuchar su nombre mi corazón comenzó a latir desbocado- Yo... yo no quiero moles...

-¡Train!- le gritó sin escucharme.

Este, levantó la vista de una chica que estaba colgada de su brazo, como esperando justo ese momento y fijó su vista en mí, acercándose hacia donde yo estaba.

Llevaba una camisa blanca, que realzaba su tono bronceado y unos vaqueros que le quedaban peligrosamente bien.

-Oye, James- le dijo- Me piro.

-Perfecto- exclamó- Bueno, pues, si no te importa, podrías acompañar a...- al igual que yo el suyo, él tampoco se sabía mi nombre.

-Megara- informé- Pero, de verdad, no hace falta. No quiero ser una molestia.

-¡Va! Seguro que no le molesta- me dijo James, dándome un golpecito en el hombro-¿Verdad, Train?