Efesios capítulo 4:29, dice. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Fútbol

Hoy no tengo ganas de hablar de fútbol

No es necesario decir que nosotros nacimos con talento!

Cat Clock - Relogio Gato

domingo, 9 de mayo de 2010

Ya había pasado una semana. Tenía los nervios a flor de piel y cada dos minutos me preguntaba si Train aparecería y qué diría.
Antes de entrar en la sala principal del museo, me coloqué mi mp3 y puse la música para pasar los infrarrojos al ritmo de un sensual tango. Recogí mi pelo dorado en un elaborado moño y comencé aquella complicada danza que llevaba ejecutando desde niña. Recordé aquel primer robo con mi padre, aquella primera sensación de probar lo prohibido. Tan solo tenía doce años. Recordé la primera vez que ví a Train, era una niña de dieciséis años, llena de fuerza e ilusiones y él era un joven policia de tan solo veinte, deseando hacer justicia. De eso hacía ya 4 años...
Pasada la primera etapa, todo lo que quedaba era pan comido. Llegué a la sala del cuadro y lo observé durante unos instantes antes de empezar el mismo procedimiento de siempre.
Una vez terminado, me fui hacia la ventana, me quedaban veinte minutos antes de tener que irme. Miré la luna, en todo su esplendor, dejando que mis pensamientos vagaran por pequeños sueños, la mayoría imposibles, imaginando cómo hubiese sido mi vida, de haber sido una niña norma, imaginando como podría ser, después de la respuesta de Train.
-Te quiero- oí que susurraba una voz a mi espalda. Me quedé petrificada. Lentamente, me dí la vuelta y lo ví allí, parado, mirándome con aquella cara de niño grande que hacía que se me derritiese el corazón.
Nos quedamos un rato en silencio, mirándonos el uno al otro, intentando descifrarnos mutuamente el pensamiento, sin saber qué decir.
-Te quiero- repitió- No sé muy bien si estas eran las palabras que esperabas, pero son las únicas que puedo decirte. La otra noche, cuando me amanezaste con hacer que me echasen, lo único en lo que podía pensar era en que no volvería a verte y no podía soportar concebir semejante idea. Cuando te conocí, solo... solo eras una... mocosa- escupió- que me sacaba de mis casillas y que conseguía hacerme perder el control de mí mismo, pero poco a poco, me fui enamorando de tu sonrisa, me hice adicto a verte, te has vuelto como... ¡como una obsesión! y sé que si dejo de verte, si dejas de hacer eso que solo tú sabes hacer cada vez que nos vemos, no podré seguir, porque yo te quiero y quiero ver cómo sonríes hasta en los peores momentos, ver cómo consigues que me olvide de todo solo con acariciarme el pelo, con solo ser tú... Arya McCaitlin.
Me sobresalté al escucharle pronunciar mi propio nombre. Ese era un error que jamás me había permitido decirle.
-Tú... tú... ¿sa.... sabes quién soy?- tartamudeé estupefacta.
-Sí- soltó en un suspiro- Pero, nunca he podido denunciarte o ir a buscarte, y creo que eso debería demostrarte lo mucho que te quiero y lo incapaz que soy de continuar mi vida sin ti. Solo... solo quiero que lo dejes, que dejes esto... por mi.
Los ojos se me llenaron de lágrimas. Me lancé a sus brazos y lo besé con pasión y ternura. Sentí como si unas nuevas fuerzas e ilusiones me asaltaran. Me daba pena dejar todo esto, porque esto, era mi vida, lo única que había hecho en toda mi vida, pero algo me decía que con Train a mi lado todo iría bien.