Efesios capítulo 4:29, dice. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Fútbol

Hoy no tengo ganas de hablar de fútbol

No es necesario decir que nosotros nacimos con talento!

Cat Clock - Relogio Gato

domingo, 2 de mayo de 2010


mujer-fumando21Fúmame. Pitada a pitada, lenta y suavemente, justo entre tus manos. Siente el calor en tu garganta corroída por un viejo tabaco, siénteme en tu estómago, bajando por tu cuerpo, visceral, liviano y sutil, placentero e irreal, como un humo que te engaña.
Mira, la noche está estrellada, y te sientes sola, incluso a pesar de tener algo jugando entre tus labios, aun con mi cuerpo tibio entre tus dedos, sigues ferozmente abandonada, y yo tan sólo soy la ausencia sensual de tu libertad.
Algo se congela ahí adentro, al interior de esa hermosa envoltura de piel, más allá de tus pupilas graves y magnéticas, en lo profundo, hay un abismo original, un suave y disciplinado látigo escondido, dispuesto a atacar y amansar a las bestias, pero que nada puede hacer a este humo tóxico e irritante.
Me humedeces en tu boca, con tu saliva impregnada de alcohol; vodka, quizás ron, cualquier cosa que le dé sabor a tu cerebro resecado por la realidad, lo que sea que acalle los cuentos de hadas que hace un tiempo quedaron pendientes, o que calme a los rostros extraviados que te gritan al oído. Penetro una y otra vez en ti, me disperso por todo tu cuerpo, y me escapo de ti en un quejido retumbante, abochornado y agitado.
Tus ojos clavados en mí, me temen, me odian, con una ternura y pasión que te sorprende e inquieta. Necesitas equivocarte, involucrarte más de la cuenta y generar una adicción. Tu corazón cruje y chirria en cada latido, y cada bombeo de sangre, por muy ácido que sea, te obliga a recordar que algo vibra en ti, algo atascado entre tu carne y mirada, y poco a poco comienzas a detestarme por sacudirte las entrañas.
Te toco y tiemblas; es tu cuerpo, tu piel, tus piernas, tus senos, tu cara y tus manos, todo impregnado de este humo desquiciado que te obliga a respirar.
Poco a poco el humo se condensa hasta formar gotitas de sudor encima de tu piel, las que lenta e implacablemente se van enfriando y robusteciendo hasta provocar una presión uniforme por sobre todo tu pecho y vientre, y lo que antes sólo era humo es ahora un cuerpo inmanente y radical.
Cada bocanada libera una fumarada frenética que, por muy sensual que sea, no evita que se te irriten los ojos y comiences a lagrimear.
Pese a todo, me enciendes nuevamente, aunque triturado por tus manos nerviosas que no paran de apretarme -como si necesitaran aferrarse a algo más-, y me coges torpemente, y luego me fumas en tu pose indiferente, como si realmente yo no te afectara, mas sólo ocultas y disimulas los pocos pedazos que te dejé de intimidad.

By Tito Lira