Efesios capítulo 4:29, dice. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.

Fútbol

Hoy no tengo ganas de hablar de fútbol

No es necesario decir que nosotros nacimos con talento!

Cat Clock - Relogio Gato

domingo, 2 de mayo de 2010



Nunca me has caído bien, en realidad. Te creías invencible. Ahí sentada, con tu café y esa actitud ausente que te volvía infranqueable, pensabas que nada podía tocarte. Eras de esas a las que les quedaría perfecta un cigarro entre los labios, de las que se espera que fumen, es lo único que te falta para completar tu perfil de nomeimportaloquepienses. Sabías que no eras más que nadie, pero estabas convencida de que estabas por encima de lo banal. Que para ti lo mundano no tenía ningún misterio. Pues ves, querida, hasta tú, con tu café con baileys y tu mirada inquisidora desde el fondo de la barra, esa que desgastaba las personas de tanto observarlas y analizarlas, los ojos que parecían querer comerse el mundo, puedes equivocarte.

Quizá no seas tan imprevisible, aunque no te puedas prever a ti misma. A pesar de tu actitud seudo bipolar, tus cambios de humor y tu capacidad de dar la vuelta a la trama, no has podido controlarlo, puede que tu conocimiento del comportamiento humano no sea tan acertado como sospechabas. Empezando porque por muy fuerte que te pienses, estás empeñada en confiar en la gente. En creer.



Sí, no te engañes, esa que se ríe a la mínima ocasión, la de los arranques infantiles, rabietas, la inocente, la de la curiosidad insaciable, la que tiene en las pupilas el mismo brillo que con ocho años, la que no duda en saltar en los charcos y gritar por la calle también eres tú.

Por mucho de que la niña conviva con esa otra parte de ti que se encarga de volverte complicada. Y discutan entre sí, y hagan que ya nadie sepa a qué atenerse contigo. Pero es lo que hay, bonita. Hay otra en tu cabeza que se ocupa de poner a prueba todo lo que ve en silencio, alguien tiene que aportarte algo de cordura. Esa es la que está enganchada al vodka, experta en provocar incendios, la que prefiere a Nabokov o Kafka antes que muchas basuras contemporáneas, o un pintalabios rojo a unos tacones de vértigo. A pesar de que a veces sea demasiado exigente, pedante, fría o lejana, sigues siendo tú.

No lo niegues, de todas maneras te horroriza la idea de ser sencilla, aunque te fascine en los demás.

Ya iba siendo hora, necesitabas una dosis de normalidad para contrarrestar tanto caos. Y algo de aprecio. Qué digo, toneladas. Porque yo no te voy a querer, eso lo sabes. No creo que pueda hacerlo nunca.